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jueves, 6 de abril de 2017

Ir creciendo con libros.

Ir creciendo con libros.
moises del cid.



En los momentos difíciles de la vida siempre es recomendable la compañía de un buen libro. Sus palabras te dan ese cambio de perspectiva que no habías tomado en cuenta y en su trama encuentras que aquello que te embroma no es más que una experiencia momentánea que pasará a formar parte de tus recuerdos y aprendizaje.


En ocasiones ni la mejor intención de tus amigos pueden contener la claridad y la verdad que la frase impresa, de alguien que escribió acerca de sus experiencias y las sobrellevo, las transmitió literalmente para que una persona extraña aprendiera de su experiencia de vida.


Bañarse de literatura y salir al mundo y contrastarse en su paisaje y en otras personas intercambiando ideas y pensamientos enriquece más que encerrarse en miedos y sufrimientos personales. Los libros nos dan claves para salir al mundo y abordarlo y transportarse junto con otras personas con su ser y con su existencia de la mejor manera. 

Cuando un libro te atrapa ves la vida de acuerdo al autor o a sus personajes, encuentras detalles que habías pasado desapercibido y te enteras de cosas extraordinarias que ocurren en lo ordinario. Con el tiempo llegan nuevos libros, nuevos autores y nuevas ideas.


Nunca salgas sin un libro a mano y ante la situación mas exasperante léase en caso de emergencia o mejor dicho en caso apatía. Porque hay libros que nos levantan el espíritu en momentos difícil y embellecen con su contenido aquello que está dentro de nosotros. Liberas emociones y haces fluir el pensamiento.  


Pero leer requiere un compromiso de comprender lo que se ojea y descubrir la intención del texto. Un libro hay que vivirlo y encarnarlo en nuestra persona no de manera literal sino como un aprendizaje en la experiencia, ya sea del autor o del protagónico del relato. Para saber de lo que se habla, hay que comprender lo que se lee.

Algunos libros son probados, otros devorados, poquísimos masticados y digeridos.
Francis Bacon.


Los libros son caminos literarios que te conduce a cualquier parte, en eso radica su deleite y el placer de explorarlos en meternos en la intimidad de alguien y ver a través de las letras las pasiones e ideas que lo conmovieron a expresarlas en un pedazo de papel o pantalla electrónica en barro o sobre la misma piedra.


Un libro es el pasaporte a irte a cualquier parte desde lo más recóndito del microcosmos hasta la región más lejana del universo. Incluso realizar un safari en la jungla de tu pensamiento mediante reflexivas introspecciones y en ello lograr ampliar la diminuta perspectiva que se tiene en la propia y subjetiva existencia.


Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría.
Proverbio árabe.

  

Mientras lees te cuestionas y cuestionas lo que te rodea, al contrario de un ejercicio evasivo la lectura te devela lo hay mas allá de lo aparente. La sabiduría de alguien que no conoces rompe el tabú, la ignorancia y el hermetismo de aquello que das por sentado y que hasta ese momento era incuestionable. Hay libros que empujan de la zona de confort ya que  inquietan al intelecto. El saber llama y hay frases que encienden al espíritu para aprehender la verdad. Hay libros que son luminarias en los momentos oscuros.


La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta.
Andre maurois.


Cuando un libro conmueve este se arraiga en nuestra vida y se vuelve referente de experiencias trascendentales ya que sus palabras contienen  vigencia provecho y sentido. Y nos sacan del aturdimiento personal en momentos de crisis. Un buen libro es una brújula que te indica hacia donde navegar para no estancarte en tu vida. Te enseña a valorar lo que simplemente no das crédito en tu ignorancia ya sea por falta de experiencia o por falta de interés. Es encumbrarte en sus ideas y divisar que hay más allá de tu mirada y entendimiento.

Los libros sólo tienen valor cuando conducen a la vida y le son útiles.
Herman Hesse.


Un libro es un paciente maestro que te muestra su contenido sin obligarte a que lo aceptes, ni a que lo entiendas. Te da la posibilidad de cerrarlo y olvidarlo en el estante empolvado de tu biblioteca. Hasta que alguien más pueda leerlo y satisfacerse de su  conocimiento y valorarlo como referente personal. Ni el mejor amigo tiene ese grado de franqueza y aceptación. Un libro puede reprenderte prudentemente pero sobre todo te ayuda a pensar y a cuestionarte a ti mismo.

Es cualquier libro discreto (que si cansa, de hablar deja) un amigo que aconseja y que reprende en secreto.
Lope de Vega.


Así como las palabras adquieren valor cuando son veraces. La lectura constante aguza tu intelecto y lo ayuda a tener gradación en aquello que percibe y obtener de ello ideas que lo conduzcan a la obtención o acercamiento a la verdad. La verdad es la finalidad de todo pensamiento. Se requiere leer mucho y de muchos pero lo importante es aprender a leer de lo mejor y de los mejores. La sabiduría se obtiene de lo que es honesto y congruente con lo que se piensa con lo que se vive.

No es preciso tener muchos libros, sino tener los buenos.
Sèneca.



Una persona que lee es un ser viandante. Alguien que se ha lanzado a explorar lo que desconoce en palabras e ideas ajenas para reforzar su propio conocimiento y experiencia. 

Cuando los libros trasminan a la persona le ayudan a crecer, lo guían a cualquier sitio pero al final su convicción se enriquece en la comprensión de lo que expresan los otros de acuerdo con la verdad. Esto es crecer con libros.

Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma.

Ciceròn.

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