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sábado, 24 de julio de 2010

El cuidado en el beneficio.

El cuidado en el beneficio.
Por Jesus Moises Delcid
En la mayoria de las ocasiones cuando se inica con una empresa, y dicho proyecto se ve afortunado por la novedad del mismo, se recauda una buena cantidad de efectivo y otras formas de pago. Esta dinámica económica se percibe como un gran beneficio para los administradores y propietarios, quienes antes que nada, deben estar alertas al manejo de dicha bonanza económica ya que generalmente ocurre un gran descuido y desvían los recursos economicos de la empresa a caprichos y satisfacciones personales. En cuyo placer recibido desvía la atención del mayor provecho de la empresa en aras de su crecimiento y establidad economica.
Una empresa conlleva una gran responsabilidad, por que las desiciones y movimientos tanto administrativos, como economicos y sobre todo personales que se hecen dentro d e la misma contribuyen a su desarrollo o afectación.
Así , ya sea en un período de bonanza que es cuando con mayor cuidado se debe administrar tanto el circulante economico y la productiviodad laboral, para reorientarla hacia etapas de crisis o períodos de baja utilidad que comunmente se llaman “las vacas flacas”.
Los despilfarros, el exceso de confianza, las malas desiciones son principalmente los causales de los golpes letales que destruyen empresas con prominente futuro. Tambien son perjuciales la falta de innovación, como la carencia de una filosofía empresarial.Y a que por mas pequeño sea un negocio este debe tener una orientación a seguir para su desarrollo y crecimiento. Al igual como la prudencia y disciplina de pago en cuestiónes de inversion y de manejo de proveedores.
Como bien expresa el sentido común en frases tan claras y directas que se pueden escuchar en lo cotidiano “Aquel que nunca ha tenido dinero y no sabe administrar la empresa, cuando obtiene fortuna lo mas probable es que la despilfarre”.
Cuando obtenemos excedentes en los ingresos nuestra confianza personal se inflama y es cuando abrimos las compuertas a todos nuestros caprichos y deseos reprimidos, y nos lanzamos en busqueda de sus satisfacción. Y es en esa confianza inflamada cuando descuidamos tanto los pasivos, los activos y la existencia en la empresa, así como el desenvolvimiento económico a nuestro alrededor.
Por que es común la actitud de tomar cartas en el asunto en la problemática de la empresa cuando esta ya ha sufrido graves reveses en su desempeño. Tornándose en un ambiente conflictivo, áspero y de profunda negatividad tanto para quienes trabajan en ella como para quienes ocupan de sus servicio. Se torna en un ambiente de dificultad y decepción.

Lo que un día prometía como un desarrollo, bonanza y crecimiento. Ahora se estanca en una situación problemática, estresante y de aflicción.

Pero no todo esta perdido, ciertamente las crisis son la forja de las empresas y de la spersonas, y como dice aquel adagio que ”Lo que no te destruye te vuelve más fuierte”. Es cuando se afrontan los problemas con deisiciones en pro de su solución y se toman las medidas que ayuden a solventar las carencias y fallas laborales encaminándose a la estabilidad de la compañía.
Dicha tarea no es fácil pero generalmente no es imposible. más se requiere en primer lugar del fortalecimiento de la voluntad para romper el círculo vicioso que esta afectando al negocio.
Para evitar una situación desastroza deben reflexionarse frecuentemente las cuestiones:
¿En que situación esta mi empresa?
¿Estoy satisfecho con el desempeño de la misma?
¿Qué tan optima es su capacidad y desarrolllo?
¿Me gusta mi negocio?

Insisto otra vez en que 2toda empresa conlleva muchas responsabilidades”, ya que el beneficio y desarrollo en un negocio no solo enriquece económicamente sino que también lo hace crecer personal y socialmente. De acuerdo al estado y conduccion manifestará, en cierta manera, la cualidad de las personas que trabajan en el.

Pero se debe estar atento al manejo de los beneficios, porque como dice aquella adevrtencia “En el exceso del placer esta la ruina”.

martes, 20 de julio de 2010

La disposición a escuchar.

La Disposición A Escuchar
Por: Jesus Moises Delcid R

Cierto día observe un letrero en una pared que decía: “que tu lengua no te vuelva sordo”. ¡Curiosa frase! me pareció en ese momento. Mas al transcurrir el tiempo y mis experiencias personales, me dí cuenta lo cierto y poderosa que era la lección que contenía el sustento de dicha oración. Es evidente, que cuando las sociedades humanas se desarrollan sus relaciones interpersonales se vuelven más dinámicas y complejas. Quizás se pueda pensar que se produce un desempeño impulsivo de formas y modales externos. Los cuales en el interior de cada persona comúnmente se toman como meras formalidades superfluas para una “civilizada” convivencia entre conciudadanos.
Además, nos hemos visto rodeados de tanta innovación en todas las facetas y el gran despliegue que la tecnología nos ha proporcionado una enorme cantidad de juguetes y adminículos que facilitan nuestras vidas y la oportunidad de generar nuevas maneras de contacto interpersonal. Pero hay algo que no ha cambiado en lo esencial en la comunicación humana que es: “una relación de transmisión y de recepción y sobretodo de retroalimentación de ideas y sentimientos encapsulados en el mensaje”. “Una comunicación: es la relación entre dos o más personas participantes y activas en dicho proceso”.
El diálogo como bien lo expresaron los griegos: “es la claridad del pensamiento, la claridad del mensaje, la claridad de la idea”. Proveniente de sus términos Día (a traves) logos (expresión). Si no se toma en cuenta este sentido la comunicación perderá fuerza y la humanización que su importancia requiere convirtiéndola en un recurso pobremente retórico, polémico y ridículo.
El ejercicio de la comunicación requiere tener conciencia en la manifestación de lo que queremos decir, y de la importancia de lo que se pueda transmitir a la vida de con quienes convivimos. Quizás las ventajas que nos ha dado el alcance en el desarrollo social y tecnológico en nuestra actualidad ha desviado la idea de trascendencia personal en la mayoría de los hombres. Pero dicha relevancia aún pervive en el aspecto intelectual de cada y hombre y cada mujer por ser un aspecto de la naturaleza humana. Y teniendo en cuenta esto nos percatamos de lo valioso en lo que hablamos y sobretodo, en lo que escuchamos de otras personas.

La importancia de la comunicación y el ingrediente especial en cada charla, es una buena disposición a escuchar a los demás. Pero no como un escuchar en formalidad, sino en un escuchar para comprender a la otra persona, para aprender de ella para compartir de sus ideas y sentimientos. Ello con la finalidad de enriquecer nuestra experiencia humana y para tener una mayor propensión a la verdad, a la claridad de lo que decimos escuchando a los demás.
Para poder comprender a otra persona es preciso reconocer que aprendemos de ella.
Jaime Nubiola.

¿Cuantas personas que están a tu alrededor no sienten la necesidad de poder expresar algo importante a los demás? pero la inseguridad de “quedar mal” o “quedar en ridículo” impide ese paso de transmitir algo que puede ser muy importante para el otro y que queda truncado por esa falta disposición a escuchar al prójimo. Como ya he expresado en otras ocasiones, nuestra sociedad se distingue en hablar mucho y decir poco, expresamos palabras en demasía pero empobrecidas a falta del sentido de trascendencia que tenemos como personas. Y que una frase con apego a la verdad que pudiésemos decir hoy, puede resonar a través de los siglos. Como expreso Alberto Magno ante la burla que hacían los condiscípulos hacia el mutismo de su alumno Tomas de Aquino.
Es así que en cualquier parte en cualquier café, salón, oficina o auto podemos ver a parejas o grupos de personas todas hablando, unas sobre otras, en una ensalada anárquica de expresiones. Unas apagadas, otras exageradas sobre diversos asuntos al mismo tiempo, pero cuyo mensaje ulterior en nada afectará ni mejorará a los demás por que nadie esta escuchando realmente dentro esa especie de caos lingüístico. Donde el desenfreno verbal estalla en diversas manifestaciones orales y gesticulares, más que al final como todo fuego, se apagara y no quedara más que cenizas y ninguna luz, ni claridad acerca de lo que se hablo.
Es así que como vemos y nos desenvolvemos en una manera descuidada en lo que hablamos y en lo que manifestamos, por que no hemos desarrollado en gran medida esa capacidad de escuchar realmente a los demás. Ya que si bien atendemos a lo que el otro expresa, por dentro vamos realizando prejuicios en forma despegada de la otra persona, porque comúnmente no estamos dispuestos a comprender al otro, sino que vamos formando de manera personal acerca de lo que pensamos de ella sin tener en cuenta aquello que nos esta comunicando y que al final terminará siendo una “etiqueta” de lo que pensamos de ella y no a alguien que comprendemos realmente.

Así que para una buena comunicación y diálogo se requiere la verdadera disposición de escuchar a los demás. Ya que si no se tiene en cuenta esto, se vuelve una formalidad estéril e intrascendente y en un conjunto de monólogos en forma caótica.
Los celulares, las computadoras, y tantos utensilios electronicos son solo medios que ayudan a facilitar la relaciones interpersonales pero que al final dependen del adecuado ejercicio de los usuarios. Quienes deben tener en claro que el ejercicio de comunicación estan en función a la relación y la comprensión de y hacia otras personas.
En pocas palabras la comunicación es darles cabida a los demás en nuestra vida, es estar en disposición de admitir a los demás. Es un ejercicio que une las voces al entendimiento y a la inclusión de las personas.

Aprendí poco a poco a comprender, a no aplicar una idea preconcebida, a acoger a la persona partiendo de ella misma.
Romano Guardini.

jueves, 8 de julio de 2010

Ego.

Ego.
Por: Jesus Moises Delcid Robles.

De pronto surgió una pregunta así de improviso: ¿quien soy? no tengo la más mínima idea de mi identidad. Toda la vida me han preocupado otras cuestiones más nunca en saber identificarme a mí mismo. Mi única referencia es la imagen frente al espejo, pero hasta ahí.
Desde pequeño me educaron y prepararon más para mi desenvolvimiento laboral y social, pero nunca para saber quien y hacia donde debo ir. Nunca realmente me inquieto el pensamiento por descubrir y desentrañar mi personalidad de entre todos mis goces y ocupaciones y obligaciones.
Me doy cuenta de que he vivido más para los demás que para mí mismo. He vivido con una personalidad externa sin complemento con lo interno, en un proceder no del todo sustancial. Me encuentro anémico de mi propio yo. Siempre he actuado más por formalidad que por convicción, deambulando entre palabras y posturas que más aparentan un juego social que un desenvolvimiento personal. En un vago sentimiento de pertenencia a la comunidad si en el más mínimo apego a la naturaleza humana del prójimo, que más que benevolencia denota hipocresía, donde lo que más importa es tan solo la falsa buena intención. En palabras mas que en hechos.

En esta jungla social que asemeja la lucha de animales predadores y animales de presa. En donde el más rapaz asola en sus asechanzas toda oportunidad para su beneficio sobre el débil que en vez de prepararse, solo vive y se desvive en el dolor de su vulnerabilidad. En un vulgar espectáculo de poderosos y oprimidos en que los oportunistas buscan la menor ocasión para joder al prójimo y obtener alguna bagatela y así fomentar su soberbia en una vacua hazaña que embriaga sus delirios de grandeza hasta llegar al carroñero el cual busca beneficiarse de la desgracia ajena.

Todo ello puede desencadenar en una crisis personal, cuando existe la convicción en el llamado a descubrir la propia identidad en angustiosas preguntas ¿quién soy? ¿Qué hago yo aquí?

Muchos dirán que he caído en el narcicismo y en un desbordado egocentrismo. Más yo les refiero: que una vida sin identidad propia, es más bien una aventura sin sentido. Sin tener la más importante referencia de un hombre en el mundo: la comprensión de sí mismo.

Vivimos en una burda imitación, que más bien nos aleja de la congruencia de nuestra naturaleza humana. En una carrera frenética y desenfrenada contra el tiempo, contra los demás y contra nosotros mismos. Basados en las dogmaticas consignas de “ser el mejor”, “no tener límites”, “ser libres”. Dichas prioridades son mas confusas que claras por que solo dan pie a desencadenar una conducta mas bien neurótica ante la vida, en un proceder agresivo contra todo lo que se interponga al paso, al logro de su “excelencia personal y profesional” pero que al final no queda un hombre virtud, si no más bien, un hombre de soberbia inflada el cual estalla ante la espina de la adversidad.

Sin identidad marcho por el mundo alabando al poderoso y siguiendo sus pasos y deshonrando la virtud del sabio. Loando el cinismo del corrupto sin el menor empacho a mi conciencia, ya que ha evolucionado a un estado mucho más allá del bien y del mal, sin corrección y en obtención al capricho de mis apetencias pero cuyo desenfreno, con el tiempo, me llevará a la dolorosa resaca de mis consecuencias.

Vivir en la completa inconsciencia de mi identidad es deambular por muchos lugares, buscando algo que investigo por fuera y que cargo dentro, que es mi verdadera personalidad, mi naturaleza, mi unicidad. Mi singularidad.

Al final puedo ver que el encuentro con mi identidad propia: es un comprensivo de mí mismo y no un comparativo de los demás. Si no tengo esto (mi identidad), no hay enclave para mi persona y mi naturalidad personal.

Un gran logro en esta vida, es encontrarse así mismo. Por que sí no se conoce uno bien ¿como puede esperar compartir lo mejor de s{i mismo para con los demás?